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kAYAK DE MAR CANTABRIA

Cesar Moratinos Errea

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Soy un aficionado más a esto del kayak de mar, hace ya algunos años, y desde este blog tratare de relatar las aventuras y desventuras que nos van sucediendo a mi y a mis compañeros de fatigas. Espero que os guste y consiga acercar algo más este deporte a los que aun no lo conoceis en toda su magnitud.
No dejéis de visitar la nueva asociación de kayak que hemos formado en Cantabria, de la cual soy el actual presidente: www.ackm.es

Jugando en Cabo Mayor

 

Mareton en Santander

 
January 23

MENORCA 2007 (Parte 1)

                                                            

 

 

MENORCA, LA ISLA DE LOS VIENTOS.

 

            Llegó la primavera, y próximo, estaba el verano.  Como todos los años tocaba ir preparando nuestro viaje en kayak. Esta vez, el destino fijado era la isla de Menorca, una de nuestras joyas del Mediterráneo, sin duda alguna, merecedora de estar declarada como patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Esta isla constituye un destino de primer orden para todo aquel aficionado al kayak de mar. En ella, se pueden encontrar multitud de elementos para nuestro disfrute y deleite, desde las agrestes playas del norte, hasta las recogidas calas del sur, siendo además, un paraíso para los amantes del “espeleokayak”, ya que la isla cuenta con innumerables cuevas, a ras del mar a las que mejor o peor podrás acceder con tu kayak. En fin, uno de mis destinos favoritos, que ningún aficionado al kayak de mar debería dejar escapar.

La isla para mí, no era desconocida, ya que cuatro años antes, la había intentado circunnavegar junto con otro grupo de amigos. En aquella ocasión, tuvimos un encuentro con el temido viento del norte conocido como Tramontana, que nos impidió completar la totalidad de la isla, dándonos una lección de humildad. ¿Qué nos depararía este año? 

Navegando en kayak por Menorca, te puede sorprender fuerte viento en cualquier dirección, pero el mayor handicap lo supone el viento norte, que suele soplar con fuertes ráfagas y generar grandes olas en poco tiempo lo que puede suponer una pesadilla tanto para un kayak como para embarcaciones de mayor envergadura. Así que hay que prestar especial atención a los partes meteorológicos y tener buen conocimiento de los puntos de desembarco y abrigo, los cuales abundan en casi toda la costa.

 

 

 

Dia 1, Empezamos mal...

 

            Nuestro periplo por Menorca comenzaría tras desembarcar con nuestros coches en el puerto de Mahon, la capital de la isla. Pero no seria aquí donde empezaríamos nuestra travesía en kayak, ya que la estrategia de etapas y paradas que teníamos preparada, nos llevarían a salir desde la originaria capital de Menorca, Ciudadela o Ciutadella.

                         IMGP1966.JPG

Pues bien, después de abandonar Mahon tomamos la carretera principal, que une ésta con Ciudadela. A los pocos kilómetros de salir, nos estaba dando el alto una pareja de la Guardia Civil. -Buenos días, documentación del vehículo... les tengo que sancionar por no tener señalizada la carga-. Por mucho que les explicamos con cara de pena, que habíamos tenido que quitar la señal en el barco, que era muy pronto y todavía estábamos dormidos, y que la pondríamos inmediatamente, no sirvió absolutamente para nada, comiéndonos la correspondiente multa. Mal empezaba el viaje...

Una vez en el puerto de Ciudadela y después de dar buena cuenta a unas ensaimadas típicas de las islas para desayunar, empezamos a descargar kayaks y material en la rampa del puerto. Viendo todo el equipaje junto al kayak, parecía imposible que todo aquello pudiera entrar en tan mínima embarcación, pero milagrosamente conseguimos no dejar nada en los coches. IMGP1967.JPG

 

            Aparcados los coches en lugar seguro, por fin, nos enfundábamos nuestros kayaks. Poco a poco nos hacíamos a la mar, recorriendo la lengua de agua que crea el precioso y pintoresco puerto de Ciudadela. Que gratos recuerdos me venían a la mente de mi anterior incursión en la isla, cuando comenzábamos en este mismo lugar.

 

            El día era perfecto, sol radiante, cielo despejado, ausencia total de viento y oleaje. El Mediterráneo nos recibía con todo su esplendor. No se podía pedir mejores condiciones para empezar nuestra aventura. Así que le dije a mi kayak, vamos pequeñín... llévame lejos... y con ritmo suave, disfrutando del siempre especial momento de la partida, tomamos rumbo Oeste.

Poco a poco nos alejábamos de Ciudadela y empezábamos a avistar las primeras calitas, Blanes, Barceló, Brut, Forcat... una pena que dado su enclave entre hoteles y urbanizaciones, estuvieran repletas de turistas que no dejaban de mirar nuestra pequeña flota de kayaks. Pero aun así tenían mucho encanto estos rinconcillos. IMGP1985.JPG

Nuestra navegación era en plan exploratorio, ya que en este tramo de costa, existen multitud de cuevas y túneles  por los que meter el kayak y escudriñar en su oscuridad, una de mis aficiones favoritas. Siempre alerta y con nuestras linternas frontales preparadas, no queríamos dejar escapar ni una gruta.

Algunas cuevas estaban formadas por grandes bóvedas, donde podrían entrar mayores embarcaciones, pero otras tenían la entrada tan baja que teníamos que agacharnos para no dejar la cabeza. Túneles poco mas estrechos que nuestros kayaks, donde el remo no servia de nada, y teníamos que avanzar deslizando las manos por las paredes. A veces, para concluir que aquello no desembocaba en una caverna más grande,  teniendo que salir de allí marcha atrás...  IMGP2129.JPG

Cuando nos disponíamos a salir de una de las cuevas, a causa de un mal gesto, se me volaron las gafas de sol hasta el agua. En ese mismo instante, tenía que haberme tirado a por ellas y luego esquimotar, pero reaccioné demasiado tarde y las gafas ya eran inalcanzables. Pude comprobar impotente a través de las cristalinas aguas como desaparecían en el fondo.

Una vez en el exterior de la cueva, me daba tanta rabia perder por tercera vez, unas gafas, que no me resigné a abandonar el lugar sin luchar por rescatarlas. Así que me puse mis gafas de buceo y me tire al agua para intentar recuperarlas. Nadando y acompañado de Guillermo y Gervasio en sus kayaks como apoyo, nos adentramos de nuevo en la cueva, mientras la otra mitad del grupo esperaban con mi kayak en el exterior.

 Una y otra vez me sumergía en busca del tesoro, pero la zona del incidente era muy profunda y sin aletas no llegaba hasta el fondo, así que aunque las hubiese visto no las podría alcanzar. Bueno, por lo menos era el primero que se daba un chapuzón en la isla, el agua estaba estupenda.

Después de tan refrescante evento, proseguimos la marcha, pero no sería mi última pérdida…. ya que en la siguiente cueva, entre manejar la cámara de fotos, la de video, el remo y la frontal, algo se me tenia que ir al agua, y fue esta última, la frontal, la que se fue al fondo, en un oscuro rincón de aquella cueva. Esta vez salí de alli resignado a alumbrarme por las noches con una vela...

Poco después no podíamos pasar sin hacer una foto en una cascada vertical de agua que desemboca en el mar, que no se sabe muy bien si es natural o vertido humano.

Seguimos remando en dirección Oeste hasta llegar a Sa Furadada, un gran arco de roca en un prominente cabo, por el que accedemos a la ensenada Cala Piques. Desde aquí nuestro rumbo se tornaría Norte y el propósito del día, llegar a la Cala Algayerens, una de mis predilectas en la isla. IMGP1976.JPG

Nuestro avance estaba resultando muy lento entre tanta cueva y rescates de material, la hora de comer se estaba echando encima y había ganas de estirar las piernas. Pero todo este tramo de costa hasta Cala Morell esta formado por verticales acantilados y solo hay un sitio donde desembarcar. Cala Pons, poco después de Punta Nati, así que teníamos que darnos un poco más de vidilla, pues quedaba lejos.

Al llegar a la ensenada Falconera, Juan Antonio encontró unas lastras de roca casi horizontales a nivel superficial. Gracias a que el mar estaba en calma absoluta, pudimos desembarcar alli, saciar nuestros deseos de comida, descanso y wc. Menos mal, pues seguro que mi “tripulación” se hubiese amotinado antes de llegar a Cala Pons, donde tenía pensado parar. IMGP1981.JPG

Después de reponer fuerzas, proseguimos la travesía recorriendo los imponentes acantilados que nos llevarían a doblar punta Nati. Un cabo inhóspito y un caos de roca total. Como íbamos con el tiempo justito, ya no paramos en Cala Pons y decidimos proseguir hasta Algayerens. Después de dejar Nati atrás, Susana, la fémina del grupo, cada vez se estaba quedando más descolgada, y eran continuas las paradas para esperarla.

Al parecer un dolor en el hombro derecho, no la dejaba remar bien, y cada vez iba a peor la cosa. Pero eso sí, ni se quejaba ... decia, -yo llego, yo llego...- Pero el mar se estaba encrespando un poco y el ritmo estaba siendo demasiado lento, llegaríamos demasiado tarde a nuestro destino. Pero lo peor era  que la molestia se tornara en una lesión más grave, que la imposibilitara el remar los próximos días. Ese pensamiento me asustó bastante, y decidí remolcarla el resto de etapa para facilitarla el avance. Ella, aunque a regañadientes, aceptó.

Caía la tarde, poco a poco fuimos recuperando el ritmo, y después de un rato los compañeros se empezaron a turnar para remolcarme a mí, a la vez que yo remolcaba a Susana, y así descargar un poco el esfuerzo. Pero la cosa no funcionaba del todo bien, las olas no nos permitían ir bien acompasados, con lo cual los cabos flotaban libres, y frenaban el avance. Por si fuera poco, el cabo de Gervasio no dejaba de engancharse en su timón, lo que luego pasaría factura a tal artefacto... Así que lo menos engorroso para mí fue remolcar en solitario.

Después de pasar Cala Morell ya divisábamos la ensenada que forma Algayerens, donde podría ternimar con mi remolcaje. El cual me empezaba a pasar factura. Poco más tarde, desembarcábamos en el lado izquierdo de la playa, donde hay una pequeña construcción de pescadores. A penas cuatro personas quedaban en tan  paradisíaca playa. Ya con los últimos rayos de sol, nos dábamos el merecido chapuzón en sus cristalinas aguas, y en unos momentos, nos envolvió la noche. IMGP1987.JPG

El día había sido muy largo y el parte meteorológico de mañana nos daba una jornada movidita. Así que después de cenar bien y montar el campamento de tiendas y toldos nos metimos en el saco hasta mañana.

 

 

 

Dia 2, Una de Tramontana.

 

            Anoche ya empezó a cambiar el tiempo, se apreciaba un poco de viento e incluso cayeron algunas gotas. El día amaneció gris y se notaba que el viento estaba arreciando, las previsiones se estaban cumpliendo. En nuestro rincón de la playa el viento no era muy fuerte, pero si que en el horizonte se apreciaba el mar intranquilo, ya me estaba temiendo una navegación movidilla.

Mi mayor preocupación era el hombro de Susana.¿Aguantaría una jornada peor que la de ayer?, y  en caso de necesidad, ¿aguantaría yo también  un nuevo remolcaje?, había que probar. La jornada de hoy nos llevaría a dormir a Cala Pregonda, pero todo iba a depender de cómo se desarrollasen los acontecimientos. A media jornada se encontraba Cala Pilar, que también era un buen destino, lo importante era avanzar todo lo que pudiésemos y la mar nos dejara.

Así que una vez recogido el campamento y  despedidos de aquel vello rincón, emprendimos la marcha rumbo Norte, hacia Cabo Gros.

A medida que dejábamos atrás la protección de la ensenada nos llegaban las primeras olas y enseguida empezamos a sentir la Tramontana en contra, según el anemómetro fuerza cuatro. Yo calculé olas de entre metro y metro y medio, lo justo para no aburrirte vamos... Así que le dije a la tripulación, que a ser posible navegáramos en grupo, por que las condiciones no serian buenas.

 

            En los primeros pasos, quería ver que tal se desenvolvería la gente con esta mar, lo que podrían aguantar. En caso necesario, teníamos a nuestro alcance Cala Carbo, que seria una buena alternativa como escapatoria y refugio.

Después de un rato, todos luchábamos con decisión contra las olas y creí que aguantaríamos bien la jornada, aunque nuestro avance no sería muy rápido.

Que gozada es ver navegar un kayak bajo estas condiciones, como remonta la ola y luego se desliza por ella, que marineros son estos barcos. Sin duda alguna su hábitat natural son las aguas difíciles como estas. IMGP1988.JPG

Susana, aunque a su ritmo, podía avanzar. Yo me quedaría a su lado vigilando su progresión. Al cabo de un rato, el grupo se fue extendiendo y dejándonos atrás. Y es que en estas condiciones, seguir un ritmo mas lento, es difícil y tedioso. Las proas de nuestros kayaks se hundían en las olas que arremetían de frente y el viento en contra tampoco facilitaba mucho las cosas.

Una vez reagrupados en Cabo Gros, nuestro rumbo giraría hacia el Este y entonces las olas y el viento nos atacarían por babor. Teníamos que estar atentos a las grandes olas rotas que barrían nuestras cubiertas y hacer buenos apoyos.

En esas condiciones de olas y viento lateral, Susana tenía que centrar todos sus esfuerzos en mantener el rumbo del kayak, que tendía a virar cada dos por tres, haciendo sufrir su hombro dañado. Así que volví a optar por asistirla. Yo la remolcaba para mantenerla la dirección y ella remaba sin forzar, para facilitarme un poco la tarea. Había que conservar ese hombro para los próximos días... IMGP1989.JPG

En formación tándem, fuimos recuperando el ritmo, pero los tirones del cabo de remolque con aquella mar, eran constantes y el avance se hacia difícil. Así que  en las estribaciones de Cala Pilar, pensé que seria buena idea hacer una parada en esta bonita playa, reponernos y luego tomar decisiones. Guillermo y Juan Antonio estaban muy adelantados y se la pasarían de largo, intente llamarles con el silbato, pero era imposible, no me oían por el fuerte viento. Finalmente, cuando me vieron, se hízo difícil comunicarles los planes, ya que las altas olas nos ocultaban los unos de los otros.

Tomada la decisión de parar, enfilamos hacia Cala Pilar. Desde lejos se veía una marcada barra de olas para entrar, parecía mas una playa de mi querido Cantábrico que una tranquila playa mediterránea...

Juan Antonio y Guillermo ya estaban entrando, Gervasio y Juan iban delante de mí y yo el último, remolcando a Susana. A medida que nos acercábamos a la costa, las olas que ahora nos venían de popa, crecían en fuerza y altura. Los tirones del cabo eran brutales ya que las olas nos hacían surfear desacompasados, cuando a ella la frenaban, a mí me lanzaban con fuerza, y en ocasiones Susana debía tener cuidado de no envestirme. Las costuras de mi cinturón empezaban a sonar mal... ¿o serían mis costillas?. Era la  hora de sacar el cabo de remolque más largo, pero ya no merecía la pena, estábamos cerca de la playa. Así que nos desenganchamos para afrontar la entrada.

Poco a poco nos posicionamos en la barra de rompiente a esperar que pasara la serie de olas grandes. En esos momentos había perdido de vista a los demás, creí que ya habrían entrado. Después de que la última ola de la serie, me levantara por los aires, llegó el momento, -¡¡ ahora...vamos...rema...rema...!!- le digo a Susana, y a toda mecha empecé a remar vigilando mis espaldas. A medio camino de tierra firme, me alcanza una ola no muy grande, que aprovecho para surfear. Mientras, veo a mi izquierda el kayak volcado de Juan, a él nadando y Guillermo ayudándole. Después de abandonar la ola que surfeaba, llegué sin mayores problemas hasta la orilla.

Rápidamente fuimos Gervasio y yo a socorrer al naufrago y rescatar su kayak. Tarea nada fácil, ya que estaba completamente anegado de agua, que sumado a su carga lo tornaba demasiado pesado. Por si fuera poco su timón, suponía una amenaza cortante, al  que además, había que proteger para que no sufriera desperfectos. En medio del jaleo reparo en Susana, todavía se encontraba luchando por entrar en la playa zarandeada por las olas, que la hicieron pasar rozando peligrosamente unas rocas semisumergidas. Por esquivarlas, se quedo paralela a las olas y acto seguido una última ola la hizo entrar en la playa surfeando hacia atrás en una elegante y difícil maniobra. IMGP1994.JPG

 

            ¡Ya estábamos todos en tierra!. Después de tan agitada entrada, nos empezamos a relajar y a darnos cuenta del paraje tan bonito en el que nos encontrábamos. Una playa virgen, de arena rojiza, rodeada de barrancos y colinas, donde si se quiere llegar por tierra, será después de una buena caminata.

 Una vez secos y relajados, salió el sol y daba gusto contemplar el mar tan agitado que nos escupió a tierra.

Dadas las condiciones del mar, decidimos pasar el resto del día disfrutando de aquel lugar tan tranquilo y bonito, a la espera de mejoría.

El día lo pasamos visitando los curiosos habitáculos que hay en lo alto del barranco, con unas maravillosas vistas, recorriendo los alrededores, comiendo, durmiendo, tomando el sol, un estrés total... Algunos se dieron los famosos baños de barro medicinales que dan el característico color rojizo a la arena de esta playa, además de manchar todo lo que toca. IMGP1999.JPG

El día llegaba a su fin, e irremediablemente pasaríamos alli la noche, pues el viento no amainaba lo suficiente como para animarnos a llegar a Cala Pregonda.

 

            Cayó la noche, y mientras cenábamos, el viento todavía era notorio. Tuvimos que cocinar y cenar a resguardo de las tiendas y el toldo que habíamos instalado. Si la jornada de mañana era igual que la de hoy, peligraría el completar la vuelta entera a la isla. Estábamos todavía en las primeras etapas y  nos quedarían pocos comodines hasta el final.

Con la emisora VHF no captaba ningún parte meteorológico, y tampoco podía consultar por teléfono, no había suficiente cobertura, así que hasta mañana no podíamos hacer planes de navegación. IMGP2001.JPG

 

 

 

 

Dia 3, Ésto es el norte.

 

            Después de pasar toda la noche molestados por el viento, milagrosamente a eso de las seis de la mañana desapareció, y el mar se calmó casi por completo. Así que poco a poco nos fuimos desperezando y desayunando, pues había que aprovechar el regalo que se nos hacía. Antes de las ocho, ya estábamos rumbo a Pregonda, con un cielo precioso y un mar en calma absoluta, pudiendo disfrutar tranquilamente del solitario y basto paisaje del norte de la isla. IMGP2020.JPG

Por suerte, cruzamos el paso entre la isla Bleda, antes de Pregonda, a la mejor hora posible. El sol de la mañana iluminaba de lleno este bonito paso, sacando a relucir los bellos colores térreos de la roca. Poco después, entrábamos en Cala Pregonda entre los escollos, y nos hacíamos la obligada foto, en la roca tan característica, que guarda la cala en su entrada.IMGP2018.JPG Acto seguido, desembarcamos en la playa de la pequeña islita que hay en medio de la ensenada, para darnos un bañito para  posteriormente subir a lo alto del peñasco a contemplar, en toda su magnitud, la belleza de aquel paraje.

Habíamos recuperado la distancia perdida ayer, y todavía era temprano. Pero  nos quedaba una buena jornada hasta nuestro destino, Fornells. Así que con pena de no poder pasar más tiempo allí, tuvimos que reemprender la travesía. IMGP2013.JPG

 

            A lo largo de nuestro camino íbamos dejando atrás calas solitarias y desérticas como Mica, Ferragut, Torta, y casi sin darnos cuenta,  cruzábamos el Cabo Caballería. Él, tan temido, por lo agitado de sus aguas, como bonito, por sus altísimos y verticales acantilados de oscura roca caliza, los cuales, se ven imponentes desde nuestras pequeñas embarcaciones. Por suerte para nosotros, esa mañana el paso del cabo no estaba muy movido y sin mayores problemas pasamos bajo el faro más famoso y visitado de toda la isla,  Caballería. IMGP2023.JPG

Después de dejarlo atrás, nos adentramos con un calor sofocante, en el gran golfo que forma la bahía de Tirant.

Tras pasar Cala Viola, visitábamos una de las escasas cuevas que hay en el norte de la isla. La verdad es que agradecimos el frescor de su interior durante un rato. Después de abandonarla, ya era hora de estirar las piernas y comer algo. No pudimos encontrar mejor sitio, que una minúscula calita con una mesa a modo de merendero bajo un estupendo tejadillo de paja, donde nos dimos el correspondiente chapuzón, comimos y echamos la obligada siesta como auténticos ceporros. IMGP2033.JPG

 

            Llegada la media tarde, proseguimos camino hacia Fornells, decidiendo cruzar en línea recta la bahía de Tirant, dado el poco interés que tiene esa zona. En mala hora abandonamos el cobijo de la costa. En unos instantes se levanto un fuerte viento del Sur, que rápidamente empezo a picar la mar, y hacer sufrir a los que carecían de orza en su kayak, por las constantes correcciones de rumbo. Después de remar aquellos 3km con fuerte viento lateral, entramos en la bahía de Fornells. Ahora frenados por el viento de frente, recorreríamos lentamente unos escasos 700m hasta desembarcar en el puerto del pueblo. Después de ponernos ropa decente, nos merecíamos una buena cerveza, ya que teníamos que brindar porque solo nos quedaba una etapa para terminar la costa norte, la más peligrosa por lo expuesta a la Tramontana. Terminadas las cervezas, hicimos las compras de víveres necesarios para los próximos días. El sol ya estaba bajo, y el viento se había calmado por completo. Era hora de ponernos otra vez las ropas de faena, y echarnos de nuevo al agua, para cruzar la bahía, hasta la cala que había justo enfrente del pueblo, donde pasaríamos la noche.

Ya con ropa seca y el campamento montado, disfrutamos relajadamente del ocaso. IMGP2048.JPG

Con la oscuridad de la noche llegaba el hambre y la hora de cenar. Como cada noche, nos reunimos todos alrededor del farolillo de gas, y empezábamos a cocinar los socorridos sobres de pasta y demás inventos culinarios, que llevábamos cada uno de menú. Después de la cena, con el estomago caliente, llegaba el momento más gratificante y de mayor relax. Podías admirar el precioso cielo estrellado, mientas escuchabas el murmullo del mar, a dos pasos de ti. Comentábamos experiencias, echábamos unas risas, intentábamos arreglar el mundo y estrechábamos un poco más, los lazos entre compañeros.

 

 

 

Dia 4, ¿Quien nos pone la pierna encima?

 

            Al despertarme, lo primero que hice fue consultar la meteorología, pues la superficie de la bahía se estaba empezando a rizar, y aquello no era nada bueno.

La previsión daba viento NE fuerza 4, así que nos daría de lleno desde mar adentro, durante toda la jornada. La travesía requeriría un pequeño esfuerzo, después del día tranquilo de ayer, así que nos metimos un buen desayuno para acumular fuerzas. Poco después dejábamos atrás nuestro tranquilo rinconcillo dentro de la bahía, para dirigirnos hacia el exterior.

A medida que nos acercábamos a la bocana, nos dábamos cuenta de lo virulento y agitado que estaba afuera, y que no hacían más que entrar veleros y pequeñas embarcaciones de pesca. Aquello no me olía nada, nada bien. Así que me acerque a uno de los barcos que entraba, para saber que estaba pasando. Al parecer la radio  dio aviso  de fuertes vientos del NE que alcanzarían Fuerza 7 durante la mañana,  lo que  hizo necesario  replantear  la jornada.

Salir y luchar, me suponía un reto tentador, a la vez que imprudente, ya que tenía que pensar el grupo. Así que después de un rato dándole vueltas a la situación, decidimos no salir y pasar el día en Fornells hasta que amainara el viento. IMGP2053.JPG

De vuelta en el pueblo, después de desembarcar, nos acercamos hasta capitanía del puerto, para conocer la predicción de los próximos días. Las noticias no podían ser peores, ya que los fuertes vientos se alargarían dos días más. Esto requería obligatoriamente replantearse las etapas. Por un lado, podíamos seguir avanzando y arrastrarnos poco a poco, de cala en cala, buscando los momentos de tregua que nos diese el viento, o dado lo bien comunicado que estaba Fornells, trasladarnos a la costa sur de la isla y disfrutar del placer de recorrerla a resguardo de los vientos, contando con la opción de volver días mas tarde, a recorrer la costa que nos faltara.

 La segunda opción ganaba por goleada, así que dicho y hecho. Saque de entre mis teléfonos de emergencia, el número de la empresa Menorca en Kayak, dedicada al kayak de mar, en el cercano pueblo de Es Grau. Después de hablar con Carlos, su director, convenimos hacer el traslado a media tarde. Así que hasta entonces, nos pasamos el día conociendo la bahía y haciendo turismo por aquel bonito pueblo. IMGP2056.JPG

Por la tarde, a la hora convenida, llegó Carlos, y con un sentimiento de pena y pequeño fracaso, cargábamos los kayaks con todo su equipo dentro, en el remolque de la empresa, para dirigirnos a  Binisafulla, una pequeña y recogida cala en la costa sur, con fácil acceso para entrar con el remolque casi hasta el agua. Después de despedir y agradecer a Carlos el tan importante servicio prestado, nos metimos de nuevo en nuestros kayaks y tomamos rumbo Oeste. Que diferencia de condiciones, el mar no se movía ni un ápice y el viento ni se apreciaba, los kayaks avanzaban sin ningún esfuerzo. IMGP2062.JPGSusana estaba encantada, aquel era el Mediterráneo que ella quería... Poco después de pasar el cabo Fonts entramos en la cala Biniparratx, una pintoresca cala, a la que se accede por una estrecha y larga ensenada, excelente abrigo en caso de mala mar. IMGP2066.JPG

Por suerte, el sol estaba cayendo y no había ni un alma en la playa.

Después de acomodarnos en el lugar, visitamos las cuevas que antiguos pobladores excavaron en las paredes de roca que flanquean la cala. Poco después nos preparábamos para cenar, aunque no sé si nos la merecíamos, dado el día tan poco productivo que habíamos tenido...

 

 

 

 

Dia 5, Bien venidos al paraíso.

 

            Amanece un día estupendo y desayunamos ansiosos por empezar a remar de nuevo, después del parón forzoso de ayer. Dejamos atrás Biniparratx y tomamos de nuevo rumbo Oeste. IMGP2076.JPG

La previsión estaba en lo cierto. Aquí en el sur, seguíamos sin sentir ni una gota de viento, y el mar estaba en completa calma. El sol de la mañana incidía de pleno en la roca de los acantilados de arenisca y caliza, resaltando los colores blancos, dorados y rojizos de los acantilados. En fin, un verdadero regalo para nuestros ojos.

 Es un contraste muy fuerte el que existe entre la costa norte y la sur, un cambio radical de paisajes y formas. IMGP2113.JPG

 

            Al poco de salir, los acantilados empezaban a tener una altura considerable. En lo más alto de estos paredones, descubrimos mas cuevas abiertas en la roca mirando hacia el mar,  las cuales nos dejaron sorprendidos por lo escarpado de su ubicación. Si eran antiguos enterramientos, no me imagino un sitio mejor, para descansar al final de mis dias... IMGP2087.JPG

Remábamos tranquilamente y sin prisas escudriñando cada rincón, cada entrante de la roca, sin dejar de explorar ni una sola de las estupendas cuevas que encontramos por doquier, intentando llegar hasta lo mas profundo de cada túnel o en busca de alguna otra salida. IMGP2079.JPG

 

            Realmente habíamos acertado resguardándonos en el sur, ya que con mala mar no hubiésemos podido acceder a muchas de las joyas que esconde esta magnifica costa. IMGP2110.JPG

A media mañana entramos en Cala Canutells, a través de una bonita entrada entre altos acantilados y decidimos tomarnos un refresco en el bar. Estábamos de vacaciones y el día lo merecía. IMGP2093.JPG

 

            Que singulares son estas calas del sur, remetidas en la costa, formando pequeñas bahías,  a resguardo del mar abierto. Tranquilas y cristalinas aguas cuyos fondos de arena blanca las confieren un bonito color turquesa, que invita en todo momento al baño. Un autentico paraíso de postal veraniega.

 

            Quedaba mucha costa por descubrir y nos pusimos de nuevo en marcha. IMGP2075.JPGAl cabo de un rato entramos en Cala Coves, famosa no por su playa de arena, ya que apenas tiene y esta bastante sucia por las algas, sino por las incontables cuevas de antiguos enterramientos que hay en sus acantilados. Es la mayor concentración, de toda la isla y muchas son visitables. Una pena que la cala estuviera repleta de motoras y veleros pasando la jornada, que restaban cierto encanto  al lugar. IMGP2105.JPG

Proseguimos nuestro camino, y seguíamos acompañados de altos acantilados y curiosas formaciones de roca modelada por la erosión del viento y el mar. Al poco rato nos sorprendimos al ver en lo más alto, tocando el vacío, las terrazas que una famosa discoteca, tiene montadas en unas grandes cuevas naturales.

 Estábamos en las estribaciones de Cala Emporter, uno de los más importantes enclaves turísticos de la isla.

 Dada la hora que era decidimos entrar en su gran playa para comer, descansar y catar uno de sus numerosos bares a pie de playa. Fue bastante impactante nuestro encuentro con tanta gente tomando el sol, después de no ver apenas a nadie en todo nuestro recorrido. Teníamos que ser conscientes de que el verano ya había empezado y que desde aquí hasta Ciutadella se encuentran las calas y playas más turísticas y famosas de la isla. IMGP2100B.JPG

Una vez llegada la tarde, con los estómagos llenos, continuamos remando hasta llegar a la Cala de Llucalari, un bello rincón entre paredes donde paramos para estirar las piernas. Una pena que esta cala careciera de arena y estuviera tan sucia de algas y desperdicios.

La tarde estaba terminando y teníamos que buscar un sitio tranquilo para pasar la noche. IMGP2118.JPG

Al salir de la protección de Llucalari se levantó repentinamente, una ligera brisa en contra, rizando el mar y formando olitas de medio metro escaso. Después de tanta calma chicha, se agradecía un poquito de movimiento.

Estábamos ante la gran playa de Son Bou y su horrendo hotel en primera línea, dado el poco interés paisajístico de esta playa, empezamos a remar con fuerza para pasar cuanto antes el tramo. Por un momento nos desahogamos dándole caña, y disfrutando cortando las olas como cuchillos, con la brisa en la cara y admirando como pasaba rápidamente bajo nuestros cascos, el fondo turquesa de las cristalinas aguas.

El sol estaba muy bajo y decidimos parar al resguardo de la Punta de Talis, justo en el extremo oeste donde acaba Son Bou, para darnos el ultimo baño del día, cuando el sol todavía calentaba un poco.IMGP2119.JPG Era hora de asearse e intentar quitar las capas de salitre de nuestras ropas de remar, aunque fuese con más agua salada...

 Cuando cayo el sol por completo, aunque no tenía pinta de llover, montamos las tiendas y el toldo como cada noche, ya que la humedad que caía era tremenda y lo mojaba todo. Con otra maravillosa noche de cielo estrellado, despedimos el día hasta mañana.

MENORCA 2007 (Parte 2)

Dia 6. Mi amigo Jonny.

 

            Amanece, y una vez mas alguien nos regala un día de verano, la brisa del sur-oeste que nos acompañaba por la noche había desaparecido por completo.

Pronto empezaron a aparecer los turistas más madrugadores, dando sus paseos matutinos. Así que recogimos rápidamente el campamento para ser discretos y no llamar demasiado la atención sobre nuestra acampada ilegal.

En la jornada de hoy, teníamos por delante, las más famosas y visitadas calas de la costa sur y no queríamos perdernos ni una. Así que nos lo tomaríamos con mucha calma y sin prisas. Vamos... como de costumbre.

Dejando atrás Son Bou navegábamos dejando a nuestra derecha las largas playas de Talis y Santo Tomás. Recorrido con un paisaje un tanto anodino, hasta llegar a las estribaciones de Punta Rabiosa, al final de Santo Tomás, donde el paisaje empieza a recobrar su fuerza y singularidad, ganando en altura las paredes, esta vez coronadas por unos frondosos y verdes bosques de pinos rebosando alegría y frescor. IMGP2146.JPG

Nuestra primera parada seria en Cala Escorxada. Esta cala es de las pocas salvajes de la zona, gracias a que no tiene buen acceso por tierra es mas desconocida. Por su arena, su vegetación, el color de sus aguas y al estar abierta al mar, se da un aire a playa caribeña, donde nos resultó imposible no bañarnos y calentarnos al sol durante un buen rato.

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Este, como la mayoría de lugares en los que  paramos, merecerían disfrutar de ellos durante todo un día, pero entonces necesitaríamos un mes para recorrer la isla...Con pereza abandonamos este pequeño paraíso natural, y el inmejorable estado de la mar, nos permitía seguir descubriendo algunas de las más bellas cuevas de las que habíamos visto en toda la isla. IMGP2128.JPGA estas alturas del viaje, hasta los compañeros que al principio eran un poco reacios a entrar en las cuevas, me acompañaba ya sin miramientos hasta lo más profundo de la roca, donde el tiempo parecía detenerse. Poco después llegábamos a cala Trebeluja, una de las más conocidas. Así se apreciaba por la cantidad de gente tostándose al sol en ella, motivo de nuestra pasada fugaz.  Proseguimos camino descubriendo nuevas cuevas hasta toparnos con un largo túnel de roca de unos 30 metros de recorrido, con la singularidad de que posee forma rectangular, y parece excavado por el hombre.  Obligatoriamente teníamos que pasar  por el y hacer unas fotos... IMGP2134.JPG

Después de aquello ya estábamos en cala Mitjana, la cual también estaba repleta de turistas y solo nos acercamos para entrar en su conocida cueva, donde incluso llegan a visitarla, los bañistas desde la playa.  Es curiosa por tener una de las entradas mas estrechas y angostas, que da paso a una de las más grandes bóvedas de toda la isla.

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Proseguimos disfrutando de los altos y blancos acantilados de arenisca hasta llegar a cala de Santa Galdana. Una bella bahía rodeada de naturaleza, con una islita en medio, y un canal de agua que entra hasta el pueblo. IMGP2149.JPGLo único que le sobraban son los grandes hoteles que la flanqueaban. Alli paramos para estirar las piernas y darnos el segundo baño de la mañana en aquella piscina que parecían sus apacibles aguas. Era curioso, que a pesar de estar la playa repleta de gente, se notaba el mismo clima apacible que en el resto de la isla. Mientras tomábamos el sol se nos acercó la socorrista y nos preguntó si estaríamos mucho tiempo en la playa ya que los kayaks no podían estar varados en la orilla, al igual que el resto de barcos, lo cual nos dejo sorprendidos. No quisimos darle mas vueltas al asunto y en breve, decidimos proseguir para comer en la cercana cala Macarella. Que aunque también era de las más visitadas, es más bonita y no tiene cemento a la vista. En Macarella el primero que nos recibió de nuevo fue el socorrista, que amablemente, nos invitó de nuevo a no dejar los kayaks en la orilla. Solo estaba permitido entrar con embarcaciones para desembarcar y luego se tenía que fondear el barco en el agua. Ante esta medida, le comenté si no le parecía ridículo tratar nuestros kayaks como fuerabordas. Él contestó que era normativa municipal, que los kayaks estorbaban a los bañistas y si aparecía la policía nos multaría. Eso sí, el chaval nos ofreció la solución de dejarlos fuera del agua cerca del bosque, a lo cual accedimos sin discutir mucho más. Esto nos lo teníamos merecido por viajar en plena temporada estival.

Olvidando el incidente, decidimos darnos el gustazo de una buena comilona de restaurante, que después de todos estos días comiendo de bocadillo, nos supo a gloria.

Tras la panzada, se impuso una tremenda siesta a la sombra de los pinos.

A media tarde cuando la playa se empezaba a vaciar de gente, nos pusimos de nuevo en marcha, para dirigirnos a Cala Turqueta, una de la más bellas e idílicas  de Menoría. De allí guardaba muy buenos recuerdos de mi anterior estancia, y era donde teníamos pensado pasar la noche. IMGP2151.JPG

De nuevo en el agua, después de disfrutar del sol y el mar, toda la tarde en la playa, poníamos rumbo a nuestro hotel para pasar la noche. Al poco de salir nos fijamos en un grupo de gaviotas sobrevolando lo que parecía un cormorán, sobre una roca, a resguardo bajo un techo de la pared. Al acercarnos nos dimos cuenta de que se parecía más a un ave rapaz, pero con muy mala pinta. Despeluchada, mojada y con una de las alas mal colocada, lo cual hacia pensar que podía estar herida y serviría de menú para las gaviotas.

 De repente el bicho, intentó echar a volar, pero a escasos metros cae al agua y chapoteando con las alas intenta mantenerse a flote. Sin dudarlo un instante, remo hasta ponerme a su lado, para intentar sacarlo del agua. El pobre animal en un acto increíble de supervivencia intenta subirse al kayak, pero al ser tan liso no tiene donde agarrarse, y lo unico que consigue con mi ayuda, es aferrarse con el pico a la linea de vida de la cubierta. Me sentía impotente, ya que no dejaba de aletear y tenia que evitar que me clavara sus afiladas garras en la mano, a la vez de no hacerle daño a él. Volvió a caer al agua, entonces adelanté un poco más el kayak, para hacerle subir por la cubierta trasera, que al ser mas baja, me facilitaría la tarea. Finamente, empujándole por detrás y agarrándole con mucho mimo, por la base de un ala, le conseguí subir detrás de mí. De repente, las gaviotas que acechaban en lo alto, nos pasan amenazantes en vuelo rasante sobre nuestras cabezas, intentando recuperar su preciada presa. Sorprendido, intento defenderme agitando la pala y finalmente nos dejan en paz.

¿Y ahora que...? Estábamos en medio del mar con lo que parecía un águila empapada sobre mi cubierta trasera... tardamos un rato en asimilar lo que nos estaba pasando. IMGP2157.JPG

No había otra solución que intentar llevarlo a tierra y pedir ayuda. Quedaban escasos kilómetros hasta cala Turqueta y si el animal no se asustaba e intentaba volar de nuevo, tendría alguna oportunidad de sobrevivir.

Pues nada... alli estaba yo remando lo más lento y suavemente posible, intentando que las olas no bambolearan demasiado el kayak. Jonny, que así le puse de nombre, aguantaba erguido, estoicamente sin inmutarse lo más mínimo, haciendo equilibrios e intentando sujetarse con las alas a los laterales del barco. Los compañeros, nos miraban asombrados, sin creerse todavía lo que estaban viendo. Que increíble instinto de supervivencia e inteligencia estaba mostrando aquel bicho, ya que en condiciones normales seria impensable ese comportamiento en un ave salvaje de este tipo. El sabía que aquella cosa roja que flotaba, con un tío encima, metiendo un palo en el agua, era su única salvación, y que yo no suponía una amenaza para él.

De vez en cuando, me giraba y lo miraba para creérmelo yo también. Las gaviotas, todavía nos acechaban, siguiéndonos de cerca. Estaba seguro de que Jonny también lo sabía. Durante la navegación, le hablaba y tranquilizaba -“Jonny, agárrate que viene una ola... aguanta Jonny, que ya queda poco... ”- Era increíble lo que estaba sintiendo en aquellos momentos, una experiencia que no sé explicar con palabras.

Poco a poco llegamos a cala Turqueta, y con mucho cuidado desembarqué en la orilla. Jonny se mantenía impasible, vigilando todo lo que le rodeaba, mientras se calentaba y secaba, aprovechando los últimos rayos de sol de la tarde. Mientras tanto, Guillermo y Gervasio se fueron en busca de cobertura telefónica, para contactar con la guardia civil, y que nos indicaran que hacer con el animal. Mientras esperábamos, tras unos minutos inmóvil, Jonny se empezó a relajar. Se dio media vuelta y se puso cara al sol, abriendo las alas para secarse bien el pecho. Llevábamos un rato admirándole, cuando de repente empezó a aletear lentamente, comprobando el estado de sus alas. Sorprendentemente se empezo a elevar, y echó a volar en trayectoria rasante a escasos centímetros del agua. En un primer momento, daba la impresión de que volvería a caer. Pero con toda su majestuosidad, consiguió remontar el vuelo y desaparecer tras los árboles, terminando así nuestro encuentro con Jonny. En aquellos momentos, un gran sentimiento de tristeza y alegría me llenaba por dentro.

Con el tiempo, contrastando las fotos que le hice, llegué a la conclusión de que Jonny era un águila pescadora. IMGP2161.JPGIMGP2162.JPG

 

            Lo que tenía que haber sido una noche placida y tranquila, se convirtió en pesadilla. Ya que era viernes noche y en la playa había grupos de gente cantando y bebiendo sin parar hasta las tantas. Por si fuera poco, justo cuando conseguí conciliar el sueño, tuvimos la visita de un grupo de policías, haciendo ronda por las playas de la zona, que amablemente nos obligaron a quitar las dos tiendas y pidieron nuestra documentación. Eso sí, les debimos dar un poco de pena, y nos dejaron dormir bajo el toldo dada la gran humedad que estaba cayendo. IMGP2164.JPG

 

 

 

Dia 7,  Falsa llegada.

 

            Con mucho sueño en el cuerpo, y mal sabor de boca, por la noche tan movidita que habíamos tenido, proseguimos nuestra travesía por el paraíso, con destino Ciutadella.

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Poco a poco, la costa iba perdiendo altura y desapareciendo la linda vegetación que nos acompañaba, para dejar paso a una costa baja y tremendamente rocosa, no solo el acantilado sino también el interior. Íbamos pasando pequeñas calitas solitarias como Talaier y Son Vell, y navegábamos descubriendo constantemente recovecos y rincones singulares, destacando un gran puente de roca, por el que no nos resistimos a pasar y explorar. IMGP2172.JPG

 

            Por esta zona se acentuaba sobremanera el efecto de erosión que causa el mar en la base de los acantilados, formando en algunos casos grandes techos y desplomes bajo los que podíamos navegar. Poco antes de llegar a cala Bosch, nos acercamos a visitar un curioso y singular embarcadero, ubicado en el interior de una cueva, en el cual mediante algún sistema de poleas, se izaba la embarcación, a través de un gran agujero excavado en el techo. Esta, quedaba a buen recaudo dentro de la casa situada en la vertical de la cueva, algo realmente digno de ver.

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            Era medio día, y dado que nos quedaba un largo trayecto sin lugares para desembarcar hasta cala Blanca, decidimos parar en cala Bosch, y darnos el ya imprescindible baño de la mañana. Era una playa larga, pero tan estrecha y tan saturada de turistas, que no había sitio material para dejar nuestros kayaks, así que los tuvimos que portear y sacar de la playa.

Abandonamos cala Bosch, y en poco tiempo estábamos cruzando bajo el faro del Cabo de Artrutx. Finalizando así la costa Sur, y tomando ahora rumbo norte. En este punto tan apacible en aquellos momentos, era donde años atrás una fuerte tramontana nos hacia retroceder. Ahora estaba contento pues, por fin recorrería el único trayecto que me quedaba por conocer de la isla.

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No se si era por el hambre que teníamos, o por el sol, que calentaba de lo lindo, pero este tramo se nos estaba haciendo tremendamente largo, lineal y monótono… hasta que por fin, entramos en la profunda ensenada que da paso a cala Blanca. Una calita totalmente urbana, donde una cerveza bien fría, mitigaría un poco el calor que hacia, para luego dar paso al bocata, bajo una buena sombra.

 

 IMGP2182.JPG           Ya por la tarde, salimos de cala Blanca. Podíamos ver acercarse cada vez más la entrada al puerto de Ciutadella. La costa había recuperado colorido y formas, ayudado por la bonita luz de la tarde que incidía de pleno sobre la roca. El mar seguía siendo una dulce piscina, y se notaba en el ambiente que no había ganas de que aquello terminara. Pero finalmente después de pasar frente a cala Santandria y Degollador, entramos en el puerto de Ciutadella. El mismo sitio que nos vio partir, hacía ya siete días, con los mismos sentimientos que nos invaden siempre, al terminar una travesía. Alegría por haber cumplido un deseo y tristeza, por que la aventura se había terminado. Pero esta vez era distinto, ya que nos quedaba todavía isla por recorrer y dos días más para disfrutarla.

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Después de cargar todo el equipo y los kayaks en los coches, nos dirigimos al camping cercano a cala Santa Galdana. Alli disfrutamos de nuestra primera ducha de agua dulce en siete días y de una suculenta cena para celebrar nuestra travesía.

Que extraño se me hizo pasar esa noche en el camping. Dormir en tierra en vez de la blanda arena y oír el sonido de los aseos en vez de las dulces olas...

 

 

 

 

Dia 8, La aventura continua.

 

            Eran las siete de la mañana y ya estábamos en pie. Hoy nos trasladaríamos hasta Fornells, donde días, atrás tuvimos que abandonar la costa norte. No podíamos perder tiempo, ya que nos teníamos que trasladar en coche y preparar de nuevo el equipo, para conocer toda la costa que pudiéramos.

Al llegar a Fornells, lo primero que hicimos fue mirar la previsión de viento, daban N-E f4 y para el siguiente día f6. A Susana hoy le apetecía mas hacer turismo que remar, así que decidió hacernos de apoyo con el coche, e irnos a buscar a la llegada. De esta manera podríamos llegar hasta donde quisiéramos o pudiéramos...

Rápidamente nos preparamos y echamos al agua. Que sensación más rara sentíamos al navegar con los kayaks vacíos esta vez, se notaban más ágiles y bailarines.

Salimos del abrigo de la bahía y se apreciaba brisa en contra, f3 según mi anemómetro. El mar estaba un poco revuelto, pero eso era algo que necesitábamos, después de tanta calma por el sur. Nos hacia falta un poco de marchilla. IMGP2184.JPG

Después de pasar la punta des Murter, ante nosotros se erguían los imponentes farallones de la Mola,  un precioso y largo cabo de altas paredes de roca oscura. Al pie de una de sus verticales paredes, visitamos la una de las pocas cuevas de esta zona, peculiar por las formas tan rectilíneas de su gran entrada y por un curioso rincón, por el que se filtraba luz desde el fondo, lo cual dotaba a las aguas de un color azul zafiro intenso, que nos atraía a sumergirnos en ellas. IMGP2187.JPGDespués de pasar la punta Pentinat, se acababan los 3 Km. de acantilado de la Mola, y tras pasar la islita de En Tosqueta, entramos en la playita de este mismo nombre, para estirar las piernas un rato. La costa a partir de aquí, perdía en altura y singularidad, convirtiéndose en un paisaje de piedras, seco y desértico.

 

            El viento estaba arreciando, ahora de costado. Y atajamos en linea recta, hasta el siguiente cabo, Punta Grossa. Dejando a lo lejos, los arenales de Son Parc y de En Castell. Desde la punta, la visión de las islas de Addaia, nos indicaban que estábamos cerca de Na Carboner, donde paramos a comer. Lo que supongo que antaño fueron cuatro casas de pescadores, ahora junto a Port Addaia era un conjunto residencial de primer orden e importante puerto y abrigo de embarcaciones.

Después de comer, el calor era sofocante y el viento iba en aumento, pero aún era pronto y creía que podríamos llegar por lo menos hasta Es Grau. A regañadientes mi tripulación aceptó el reto. Intentamos infructuosamente, la comunicación por radio con Susana, para informarla de nuestros planes. Finalmente lo conseguimos por teléfono, y acto seguido nos volvimos a embarcar.

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Nada mas salir del puerto, comprobamos a lo que nos teníamos que enfrentar, viento f4 del este, totalmente en contra de nuestro rumbo, durante al menos 6 Km. hasta conseguir doblar el cabo Fabaritx. Con resignación y paciencia avanzábamos poco a poco por aquel tramo de costa tan desolada y salvaje. De vez en cuando, surgían piques entre nosotros, y le dábamos caña de lo lindo para desfogarnos un poquillo.

Por fin llegamos al Cabo Fabaritx, y alli estaba Susana tomando el sol. Después de saludarla cruzamos el cabo, dando por conocida la totalidad de la costa norte. IMGP2192.JPGAhora con rumbo sur, el viento nos arremetía de medio costado, pareciendo que nos ayudase en nuestro avance. Después de pasar el cercano cabo Monseña, rápidamente llegamos al canal que separaba la costa de la gran islita Colom, dando paso a la pequeña y bonita bahía de Es Grau, con su tranquila playa al fondo. En la rampa del pueblo ya nos esperaba impaciente, nuestra conductora.

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            Que bonito y encantador me pareció este pueblo, de típicas casitas encaladas. Aún siendo moderno y reformado, habían conseguido mantener la estética de poblado de pescadores, resultando muy armonioso con el paisaje.

El parte meteorológico hoy no se había equivocado demasiado, y para mañana aquí soplaría viento mucho más fuerte, así que decidimos volver a dormir al camping de ayer, y mañana desplazarnos de nuevo al sur. Completar lo que nos quedaba por conocer de esa costa, e intentar remontar lo que el viento nos dejara hasta Mahon.

 

 

 

Dia 9, Una despedida.

 

            Una vez más dejamos el camping, para desplazarnos a la coqueta cala Binisafulla, donde días entes, habíamos empezado nuestro paso por la costa sur.

El parte meteorológico para hoy había acertado de pleno, pues ya en tierra firme soplaba viento fuerte del noroeste. Además, después de cuatro días de no ver ni una nube, el cielo estaba bastante cubierto.

Este día, remaríamos hacia el este, con la intención de llegar por lo menos a cala Alcaufar, o hasta Mahon si el viento nos dejaba. Hoy Susana tampoco remaría, así que nos iría a recoger donde llegáramos.

 

            Antes de salir, Gervasio se sorprendió al ver la pala de su timón a punto de partir por la base. El doblarse tantas veces y navegar con mala mar le había pasado factura. Yo no podía más que recordar, cuando en un viaje anterior, otro compañero también partió el timón. Cada vez me gustan menos estos artilugios... Al final decidió desinstalarlo por completo, ya que si no, lo perdería en plena mar.

 

Una vez en el agua,  teníamos que remar bien arrimados a las paredes, debido a que el viento que soplaba de tierra adentro nos sorprendía de vez en cuando con fuertes ráfagas muy incomodas. Avanzábamos tranquilamente, empapándonos bien de todo lo que nos rodeaba, se notaba que era la última ocasión de navegar por aquellas aguas.

Este tramo de costa, no tenía grandes y vistosos acantilados, pero sí bonitos recovecos y poblaciones. Nos asombraba la cantidad de lujosas viviendas a pie de acantilado, bajo las cuales disfrutábamos de singulares formaciones de roca, que sus propietarios, seguro desconocían por completo.

Poco antes de Binibeca descubrimos el mayor puente de roca de toda la isla, muy parecido al que vimos cerca de cala Bosch. IMGP2203.JPGPero este además servia de antesala a una gran cueva escondida en el fondo, realmente impresionante. Poco después visitamos el famoso conjunto urbanístico de Binibeca Vell. Una moderna y pintoresca urbanización, cuyo arquitecto consiguió dar con éxito, un cierto aire de típico poblado mediterráneo.

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Seguimos navegando y se iban sucediendo los poblados y urbanizaciones por doquier. Decidimos entrar en el vello puertecito de Viniancolla, donde se conserva bien la estética popular menorquina, y se pueden ver casitas con el típico embarcadero en planta baja, y su barquita preparada a pie de rampa. Una pena que su calita estuviera tan sucia por las algas.

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Dejamos atrás Viniancolla, y poco a poco llegamos frente a la isla del Aire. En este punto dimos por completada la costa sur, y ahora tocaba vérselas con la Tramontana, al tomar rumbo norte.

Alcanzada  Punta Prima, el viento era de f4, y las olas que nos llegaban, no eran gran cosa, pero en el horizonte se veía mucho movimiento y borreguillos por doquier.

 Al llegar al morro de Alcaufar, el mar ya estaba más encrespado y el viento llegaba a f5 y eso que todavía estábamos protegidos por el cabo de S’Algar.IMGP2211.JPG

Tras este, las condiciones tenían que ser brutales, y aunque me moría de ganas por comprobarlo, los compañeros ya estaban entrando en la bahía de Alcaufa.

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Poco después llegaba Susana con el coche, que había estado siguiendo nuestra progresión por tierra. Dadas las fuertes condiciones de viento, se decidió dar por terminada la travesía, y aprovechar lo que quedaba de día para hacer un poco de turismo.

Después de volver al camping y darnos una buena ducha, nos fuimos a visitar la preciosa Ciutadella, y perdernos entre sus callejuelas. Por la noche, nos regalamos una última cena en la isla, para celebrar el buen termino del viaje. Mientras recordábamos lo vivido, irremediablemente ya estaba pensando en una próxima aventurilla. La isla de Elba en aguas de Italia, pero eso... será otra historia...

 

 

 

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Una vez más, la tramontana me había impedido acabar la vuelta completa a la isla por escasos km, pero eso no tenía importancia, lo realmente importante y con lo que me quedaba, eran los buenos momentos vividos con los compañeros, y el haber disfrutado y exprimido cada cala, cada cueva y cada rincón de tan bella isla, de la mejor forma posible, en kayak de mar.

 

 

Un relato de César Moratinos.

October 03

Travesía Córcega 2006

Travesía en kayak de mar, por la costa SW de Córcega.

 

Ya desde el verano pasado, cuando terminamos la vuelta a Ibiza, tenía claro que mi próximo destino seria la isla de Córcega. En concreto me decanté por la costa Sur-Oeste comprendida entre Ajaccio y las Islas Lavezzi, en el extremo Sur.

De esta zona no había nada de información ni relatos de alguna travesía realizada, lo que le daba un poco mas de aventura al viaje.

A medida que avanzaba el año 2006 la travesía fue cobrando más vida después de que a los compañeros les pareciera genial el viaje y se apuntaran sin dudarlo dos veces.

Planificar este tipo de viajes no es complicado pero si un poco laborioso, ya que requiere estudiar bien la cartografía y fotos aéreas en busca de rincones bonitos y protegidos para finalizar las etapas, además de promediar los kilómetros a realizar cada día, informarse de la meteorología predominante, posibles vías de escape etc. Después de ver tantos mapas y fotografías me sabia de memoria cada rincón a recorrer…

Después de planificar la logística de los coches, los billetes de barco y hacer la correspondiente compra de víveres para todo el viaje, finalmente el día 1 de Julio a las 5:00 de la mañana, después de cargar los kayaks en los coches, partimos de Santander rumbo a Marsella.

El viaje en coche se nos hizo tremendamente largo y lleno de percances, una de las cuerdas que ataba la placa de señalización se soltó en plena carretera dándonos un gran susto, nos perdimos al entrar en Francia, una retención interminable causada por un accidente, que por un momento nos hizo pensar en que perderíamos el barco, y por si fuera poco, la pala de Mariano salió volando de la vaca en medio de la autopista, haciéndose mil pedazos. Menos mal que fuimos previsores y llevábamos dos palas de repuesto… aunque para Mariano no seria lo mismo este viaje sin su pala favorita.

Por fin después de 12h en la carretera, llegamos al puerto de Marsella con tiempo suficiente para el embarque. Poco tiempo después desde la cubierta del barco veíamos alejarse la costa del continente cada vez más.

Ya estábamos rumbo a Córcega y ahora nuestra ocupación se centraba en buscar nuestras butacas para pasar la noche. Después de recorrer medio barco por fin las encontramos. Eran realmente deprimentes, parecían butacas de tren de tercera, metidas en un salón interior sin ventanas, así que decidimos buscarnos un buen sitio tranquilo en una de las cubiertas del barco. Allí cenamos y montamos el campamento para dormir. La experiencia fue magnifica, el cielo despejado, la luna en lo alto y el sonido de la espuma formada por el barco, todo ello me ayudó bastante a conciliar pronto el sueño mientras pensaba en las aventuras que nos depararía esa gran isla, ¿seria como la esperábamos…?

 

 

DIA 1.

A eso de las siete de la mañana abrí los ojos, los nervios por ver si estábamos cerca de la isla, me hicieron salir del saco como una bala, me asomé por la borda y ahí estaba… Ya se perfilaban sus altas cumbres con el sol rojizo del amanecer despuntando tras de sí, la foto fue perfecta. Poco después desembarcábamos en el puerto de Ajaccio.

Lo primero que hicimos fue dirigirnos a las afueras, a la playa de Ricanto, un arenal que se extendía varios km en dirección Sur. Allí empezamos a descargar los kayaks y el equipo, por fin poníamos pie en arenas Corsas…

Una vez estuvo  todo descargado, tres compañeros se quedaron vigilando el equipo en la playa y los otros tres, con los dos coches, nos dirigimos al cercano aeropuerto de Ajaccio, para alquilar un tercer vehículo, y así poder regresar en él, una vez aparcados los dos nuestros  en Bonifacio. Allí se quedarían preparados para nuestra llegada el ultimo día. Por delante nos quedaban 160 Km de tortuosas carreteras con millones de curvas y tres puertos de montaña de 1ª categoría, una pesadilla… Eso sí, el paisaje espectacular, todo verde y frondoso, con pueblecitos muy pintorescos, merecía la pena conocer el interior de la isla, aunque fuera de pasada. Incluso pudimos ver fugazmente alguna de las playas por donde pasaríamos en kayak días después. Que nervios nos entraron por coger ya los kayaks.

A una media de 50-60 km/h, no se podía correr mas… el viaje se hizo muy pesado, pero al fin, a eso de las cinco de la tarde  estábamos de vuelta con el resto de compañeros, que ya estaban hartos de esperar (nosotros hartos de conducir…) y empezamos a repartir la comida e intentar que todo entrase dentro de los tambuchos. La tarea fue realmente difícil y a todos nos parecía que tendríamos que dejar algo en tierra. Pero no, entraron hasta las dos sandias de 3kg  que compramos.

Con todo cargado los kayaks pesaban una barbaridad. Y es que nuestro error, fue comprar la comida para todo el viaje en España, pensando que nos sería difícil encontrar tiendas para comprar a media travesía y que probablemente fuese mas cara. Luego pudimos comprobar, que la diferencia de precio no era tan elevada y hubiese compensado pagar un poco mas por no cargar tanto peso desde el principio…

Por fin a eso de las 6:30 de la tarde, nos embarcamos rumbo Sur.

Tanto trabajo, tanta preparación... pero al final allí estábamos, remando en Córcega.

El gran peso de los kayaks, se notaba sobretodo a la hora de girar el barco, pero con el paso de los días, ya se irían aligerando un poco mas...

Después de dejar atrás la playa de Ricanto, pasamos la punta de Porticio, el tiempo era estupendo y nos acompañaba un ligero oleaje de costado, que amenizaba la travesía.

Por lo que podíamos ver, esta seria la zona residencial de Ajaccio, grandes mansiones en medio de frondosa vegetación jalonaban las laderas de la costa, y multitud de embarcaciones de recreo fondeaban en las calas.

Despues de doblar la punta de Sette Nave, pusimos rumbo a una pequeña y  tranquila cala, en el interior de la ensenada Ottioni.

Allí pudimos disfrutar como niños, de nuestro primer baño en aquellas tranquilas y cristalinas aguas, a la vez que el sol caía sobre el mar.

Mañana dejaríamos atrás tanta civilización.

 

 

DIA 2

A las 8:00 de al mañana el sol brillaba con toda su fuerza y se hacia imposible permanecer mas tiempo en el saco y a las 9:00 ya estábamos remando. El mar esta tranquilísimo y nos acompaña una ligera brisa, que alivia un poco el calor que hace. Las casas a pie de costa rodeadas de bosques interminables nos siguen fascinando.

Poco después de pasar la Ile Piana, la mitad del grupo esta un poco adelantado y les perdemos de vista al doblar un pequeño cabo, de repente oigo a Guillermo llamándome tras de mí, me giro y veo el kayak de Juanjo panza arriba, di la vuelta en redondo y reme con todo lo que podía dar ya que no veía aparecer a Juanjo, los segundos se me hacían minutos... por fin cuando llegué a su altura apareció resoplando de debajo del kayak, estaba perfectamente, solo un poco sorprendido. Ante el buen estado de la mar y cercanía de la costa, unos 30 metros, opte por hacer el reembarque en aguas menos profundas mas cómodamente. Mientras Juanjo se acercaba nadando, yo le remolcaba el kayak medio hundido hasta que hizo pie, intentamos vaciarlo de agua por el método en T, pero al llevar tanta carga no había manera de izar la proa del barco ni 10cm, así que nos tocaría achicar todo el agua con la bomba de mano... Mientras tanto Guillermo rescataba restos del naufragio, gorra, bidón etc, que andaban flotando. Al parecer según sus palabras iba un poco dormido todavía y no vio una roca muy superficial. Justo cuando pasaba por encima, la ola que la cubría, pasó de largo, y le dejo el kayak en el aire apoyado sobre la roca, perdió el equilibrio y volcó. Cosas que pasan, no sería el ultimo en llevarse un susto en este viaje...

Más adelante nos reunimos con el resto en la playa de Portigliolo, explicaciones de lo ocurrido, cachondeito y bañito reparador...

Poco después cruzamos el Cabo di Castagna con su torre de vigilancia en lo alto. Estas antiguas torres que hay apostadas en cada cabo son muy características de Córcega y gran reclamo turístico ya que le da un aire muy pintoresco.

En Castagna remamos entre los Escuils d’i Campanili, el primer jardín de rocas que nos encontramos. Es una gozada remar entre estas grandes formaciones de granito blanco tan redondeadas y pulidas haciendo a caprichosas formas increíbles. Eso si estas zonas de poco fondo son peligrosas para los kayaks de fibra, así que algunos optan por dar un rodeo.

Después de cruzar el cabo, éste nos priva de la brisa que nos acompañaba, el calor se hizo insoportable, las gotas de sudor ya me entraban por los ojos. En línea recta a 2km que se hicieron como si fueran 10 ya veíamos nuestro destino para comer. Anse Rossa, una pequeña y bonita cala virgen.

Para comer resguardados del sol nos tuvimos que adentrar en el bosque y allí comimos y echamos una buena siesta reparadora.

A partir de aquí dejamos de ver todo rastro de civilización y la costa se torna totalmente salvaje y agreste, lo que todos buscábamos en este viaje.

A media tarde ponemos rumbo a Cap Muro, que ya se percibe en línea recta, un pequeño oleaje de 0,5m que viene de costado nos ameniza mucho el recorrido. Hasta Cap Muro toda la costa la forman grandes acantilados. Justo en la punta del cabo el mar se agita un poco mas, por fin algo movidito... después de unas fotos en Muro, hacemos una parada para estirar las piernas en la Cala D’Orzu. Bonito rincón con un solitario chiringuito en mitad de la playa, que invitaba a tomarse una buena cerveza. Todo un error ya que una vez sentados en su terraza, la idea de proseguir hasta nuestro destino, la playa de Cupavia, no apetecía en absoluto, ya que la tarde estaba llegando a su fin. Así que allí montamos el campamento y cocinamos nuestra primera cena, que por cierto supo a gloria, seguro que gracias al entorno en el que nos encontrábamos...

 

 

DIA 3

El amanecer es increíble, que paz... un mar en calma y el cielo precioso, los compañeros se van despertando uno a uno y después de unos estiramientos y algún bañito en la “piscina”, todos a desayunar.

Hoy recuperaremos la distancia que nos falto ayer, así que a las 9:00 ya estamos remando. El agua esta cristalina, y aunque debe haber 2-3m de profundidad se ve el fondo rocoso y decenas de peces con toda claridad.

Poco después de pasar el Cabo Nero esperamos a Mariano que salió el último de la playa y aún no ha doblado el cabo. Poco después nos alcanza, traía mala cara, y es que le había pasado lo mismo que a Juanjo ayer, se quedo encallado en una roca, pero sin irse al agua, solo hubo que lamentar un buen rayón en el casco que no le dejaría dormir bien esta noche.

Proseguimos y pasamos por la playa de Cupabia, el destino del día anterior. Lastima de no haber hecho noche aquí, es un arenal virgen rodeado de bosques, precioso.

Toda esta costa se componía de monte bajo sin apenas relieve terminando en el agua con multitud de rocas redondeadas que minaban la costa.

Después de cruzar la punta Di L’oga con la torre de Capriona en lo alto, llegamos a Porto Pollo, un pequeño enclave turístico con los típicos patines de alquiler, tumbonas y construcciones vacacionales. De repente frente a nosotros, una windsurfista en el agua agarrada a su tabla, intentando alcanzar la playa a nado. La pobre tenia muy mala cara, no sé cuanto tiempo llevaría arrastrando la tabla y encima con el viento en contra, así que uno que es un caballero... le ofrecí mi ayuda, y ella acepto sin dudarlo. Ate la tabla con mi cabo y empecé a remolcarla, ella se aferró a la popa de Mariano que también se apunto al rescate, mucho mejor así, yo no podía con las dos. En ese momento recordaba que era la segunda vez en mi vida que remolcaba a un windsurfista, si es que... ¿para qué querrán la vela? .

Después de dejarla sana y salva en la orilla, fuimos adentrándonos en el gran Golfo de Valinco. Con viento a favor de fuerza 3-4 avanzábamos rápidamente hacia Propiano, haciendo alguna que otra surfeada decente, dejando a nuestra izquierda la larguísima playa de Tinutella.

Desembarcamos en el puerto deportivo de Propiano, muy cerca había un súper donde pudimos comprar agua para llegar hasta Bonifacio. Allí decidimos comer debajo del tejadillo de la gasolinera del puerto, cutre... sí, pero la única sombra que encontramos. Hacía 35º grados a la sombra y los sobres de embutido chorreaban aceite así como el queso que no había por donde cojerlo...

A media tarde ponemos rumbo a Campomoro, ya en la salida del golfo de Valinco. Ahora el viento y las olas que nos acompañaron hasta Propriano, los tenemos en contra, pero se navega bien, y después de pasar el gran arenal de Laurosu se suavizo la cosa. El sol ya estaba muy bajo e irradiaba una luz anaranjada que incidía sobre las singulares formaciones rocosas de la costa haciendo el deleite de todos nosotros.

A última hora llegamos a la bahía de Campomoro, un pequeño núcleo de casas, con su torre de vigilancia en lo alto, una preciosa playa y multitud de pequeñas embarcaciones fondeadas, al abrigo de los vientos.

 Con los últimos rayos de sol de la tarde, nos dirigirnos directamente, a desembarcar frente al único bar de la playa, para tomarnos una cervecita bien fría y reparadora, después del bañito de turno... Sentados en un muro con la cerveza en la mano pudimos disfrutar del ocaso en todo su esplendor, mientras discutíamos sobre una familia que aun permanecía en la playa, ¿estaba más buena... la madre o la hija...?, se empezaba a notar la lejanía del hogar y de nuestras mujeres.

Por la noche la cenita, el mayor momento de relax, en el que recordábamos lo ocurrido durante el día. Era también el momento de discutir que se cenaba. Un momento decisivo, ya que todos queríamos que se cenara algo de lo que transportábamos en nuestro kayak, y así aliviar algo, el peso del barco.

 

 

DIA 4

Por la mañana, una vez mas, amanece un día espléndido. Sol radiante, ni gota de viento... no tenía ganas de dejar este lugar atrás, aunque me consolaba pensar en otros bonitos parajes que nos esperaban mas adelante. Me acordaba de esas fotos en internet que tanto me estudie para hacer la ruta, había que conocerlo todo...

Hoy es jornada de recuperación, nuestro próximo destino Cala Tizzano esta a unos 20km de recorrido, así que nos lo tomaremos relajadamente.

Tras dejar atrás Campomoro navegamos otra vez rumbo Sur, sorteando cada dos por tres, grandes rocas que salpican la costa, hasta llegar a la cala D’Agulia. Una lengua de agua que se introducía en tierra, para terminar en una pequeña playa, abrigo natural para un par de veleros. Un buen refugio, a tener en cuenta en caso de mala mar.

Tras dejar Agulia, nos damos cuenta que el cielo esta cobrando un color gris plomizo, y una ligera brisa empieza a rizar la superficie del agua...

Tras pasar la punta D’Eccica la ligera brisa se había convertido en un viento considerable, que nos hacia emplear más fuerza para avanzar. Llegando a la punta Senetosa veo un velero que cruza el cabo y empieza a fondear a resguardándose en nuestro lado del cabo. Esto no me huele nada bien... espero en la punta para reagruparnos y afrontar lo que nos espera al otro lado. Mientras tanto me apretaba bien la gorra para no perderla...

Al doblar el cabo el viento es fortísimo y levanta olas de 1m que por suerte no rompen, vemos nuestro destino de hoy Cala Tizzano, en línea recta a unos 6km pero con el viento justo de frente.

Yo que venía a Córcega preparado para el fuerte viento del Norte... va y nos encontramos con un Sur-Este “cabron”.

Era poca distancia, seria el final de etapa y el grupo estaba preparado para ello, así que todos afrontamos la decisión de llegar como fuese.

Al principio era divertido, los kayaks incluso con el peso que transportábamos, despegaban del agua la mitad del casco para acabar en una buena zambullida y pude inmortalizar algún momento con mi cámara.

A medio camino, la situación se tornaba muy pesada, la fatiga ya se dejaba notar. Era una lucha constante contra el viento y por mantener bien el rumbo del kayak. Nos empezamos a distanciar unos de otros, nadie quería ceder ni un metro de mar al viento, en unos segundos que tardaba en hacer una foto, retrocedía muchos metros. Fuertes ráfagas hacían agarrar la pala con fuerza para que no saliera volando. En un momento, tengo el humor de sacar el anemómetro para medir, fuerza 5-6 con rachas de 6, ya decía yo que nos estaba costando un poco avanzar...

La lucha sicológica era mas fuerte que la física, aunque la playa estaba frente a nosotros parecía no acortarse nunca la distancia y tenia que mirar de vez en cuando el GPS para ver que avanzábamos algo. Efectivamente nos movíamos a unos 4km/h.

Casi en la recta final, la pala del timón de Mariano, que ya tenia algún achaque, no pudo aguantar mas las envestidas, y finalmente se partió, dejándole sin timón el resto del viaje, cosas que pasan con estos aparatos...

Finalmente, tras 1,5h de lucha contra el viento, arribábamos uno tras otro a Cala Tizzano.

¿Y Cano...?¿dónde esta Cano?, preocupados intentamos divisar en el horizonte su kayak blanco entre tanto borreguillo. ¿Y si se ha caído...? ¡habrá que ir a buscarle...!, al rato distinguíamos a lo lejos sus palas rojas y esa cadencia de paleo inconfundibles.

La jornada de remo ya había terminado y después de comer tocaba siesta, sesión de estiramientos, y arreglar alguna que otra contractura con el Compex de Guillermo. Así pasamos la tarde hasta que llego la hora de cenar.

Hoy decidimos darnos un atracón de pizza para cenar, en uno de los  restaurantes del pueblo. La camarera, como todo el mundo en esta isla, nos confundió con italianos... pocos españoles han visto por estas tierras.

A la hora de meternos en el saco, a lo lejos se veían relámpagos y nubes densas que empezaban a cubrir la luna, cuando cayeron un par de gotas decidimos montar las tiendas por primera vez. Aunque todo se quedo ahí, la tormenta pasó de largo, aunque no dejo de soplar bastante viento toda la noche.

 

 

DIA 5

Por la mañana, seguía soplando demasiado viento, así que decidimos levantarnos con los primeros rayos de sol, y así evitar en lo posible, las peores ráfagas que se pudieran formar a medio día.

A las 8:00 de la mañana ya estábamos remando, Cano y Juan salieron los primeros como aviones sin esperar al resto. Esta vez si había problemas no querían quedarse atrás. En el cielo multitud de nubes negras no presagiaban nada bueno.

Cruzamos el precioso Golfo de Murtoli y en nuestra misma dirección el cielo se tornaba cada vez mas negro. Lo que parecía una tormenta en el horizonte cada vez estaba mas cerca.

Atravesando ya el golfo de Roccapina no había ni rastro de Cano y Juan, habrían cruzado ya el  Cabo de Roccopina...

La mar rizada que se apreciaba a lo lejos, se acerca rápidamente, me ato bien la gorra, me aferro fuerte a la pala, y espero la embestida.

 ¡Joder...! ¿quién abrió a puerta...?, fuerza 5 y una vez mas de frente... cuando no habíamos hecho ni la mitad de la etapa. Rápidamente pusimos rumbo a la playa buscando la protección del cabo y allí desembarcamos para replantearnos la situación. Finalmente decidimos esperar, ya que teníamos buen cobijo, a que amainara un poco el viento, y confiando en que los dos adelantados habrían tenido el buen juicio de desembarcar en la siguiente cala.

La  espera se hace eterna, y encima se pone a llover... un catamarán se acerca desde alta mar y entra en nuestra bahía para fondear. ¿Tan grave seria la cosa para un barco tan grande?

Después de una hora sentados en aquella gran playa desierta, la intranquilidad de no saber donde estaban Cano y Juan nos comía por dentro, y a la primera calma aparente decidimos probar suerte, e ir a su encuentro.

Caras serias sin decir una palabra, la tensión se notaba en el ambiente...

La calma aparente era una ilusión, porque al cruzar el cabo la situación era tremenda.

Olas montañosas nos rompían en la cubierta, viento fuerza 6 con rachas que llegaban a  los 55km/h, teníamos que remar muy bajo para que el viento no nos arrancase la pala. La situación requería de los cinco sentidos para remar, aunque por lo menos las olas nos venían de proa...

Llevábamos un rato remando y apenas habíamos dejado atrás el cabo, Guillermo con su hombro tocado tras el esfuerzo de ayer no lo tenia nada claro, y la incertidumbre de no saber cuanto tiempo tendríamos que remar en estas condiciones, nos hizo pensar en dar media vuelta y volver a resguardarnos tras el cabo, esperando que se calmara muuucho mas el viento.

Ya de vuelta en nuestro refugio, para sorpresa de todos, los miembros perdidos se acercan andando. Como suponíamos habían desembarcado en la siguiente cala.

Después de descansar un rato con nosotros, pactamos reunirnos con ellos en cuanto amainara el viento, así que regresaron a sus kayaks con una de las tiendas, por si la cosa se alargaba hasta mañana.

Después de comer, el milagro se produjo, empezó a despejarse el cielo y amainar el viento. La tormenta solo nos había rozado y ya pasaba de largo.

Sin tardar ni un minuto, embarcamos al encuentro de Cano y Juan.

De nuevo estábamos en ruta, y aun nos quedaban unos cuantos km por delante hasta la playa de Chevanu. Las ganas de terminar la jornada se notaban en el buen ritmo de paleo al que íbamos.

Antes de entrar en la ensenada de Chevanu cruzamos por en medio de las islas Bruzzi, preciosa reserva natural para la cría de multitud de aves marinas, las cuales ni se inmutaban ante nuestra presencia. No tengo claro que estuviese permitido cruzar por aquí...

Poco después, desembarcábamos en Chevanu. La jornada se había hecho muy larga, pero teníamos la recompensa de disfrutar lo que quedaba de día en este precioso lugar.

Esta playa es muy singular por tener tras de sí, un lago de agua dulce, pero por estas fechas se encontraba medio seco.

 

 

DIA 6

El día amanece despejado y ponemos rumbo Sur, hoy dormiríamos muy cerca de Bonifacio, la zona mas deseada para recorrer de la travesía.

Una ligera brisa del NW nos ayuda a progresar con rapidez. En la entrada de la bahía de Figari, pasamos junto a la torre de Caldarellu, una de las más bonitas y mejor conservadas de esta costa.

 Poco a poco, nos adentramos en el gran golfo de Ventilegne, dejando atrás multitud de pequeñas y bonitas calas. Después de parar a picar algo en una de ellas proseguimos adentrándonos en el golfo con rumbo E, al tiempo que el viento y las olas iban creciendo.

Cuando tuvimos que cambiar a rumbo SW enfilando la salida del golfo, el viento empezó a soplar aun más fuerte y el mar a cubrirse de borreguillos blancos.

A medida que avanzábamos hacia el Cabo Feno, la cosa se complicaba mas, y decidimos parar a repostar en La Tonnara. Una pequeña bahía natural de no más de 50m de ancho que servía de resguardo y puerto natural a unas cuantas barcas de pescadores, con un bar en cada extremo, que nos dispusimos a visitar.

Desde la terraza con una cerveza en la mano, veíamos cada vez más brava la mar. Multitud de windsurfistas salían de la contigua cala de Stagnolu, con la protección inicial de las Islas di La Tonnara. Daba miedo ver las velocidades que podían alcanzar cruzando el golfo. Luego supimos que para estos locos de la vela, el golfo de Ventiglene es un lugar privilegiado para la practica de este deporte, y nosotros habíamos caído en la trampa...

La espera sé hacia ya muy pesada, y después de beber, comer y echar la siesta el viento no bajaba de fuerza 6, ya pensábamos en que si por la noche amainaba el viento, tendríamos que hacer algunos kilómetros mas, si queríamos cumplir nuestro objetivo de llegar a las islas Bruzzi, en el extremo Sur. 

Por fin a eso de las ocho de la tarde los windsurfistas empezaron a recoger sus tablas, el viento había bajado a fuerza 4.

Rápidamente nos abrigamos y embarcamos, mentalizados de acabaríamos remando de noche.

La mar seguía muy agitada y el viento, aún con cierta intensidad, nos daba de costado, al igual que las olas con mas de 1m, que a veces rompían en nuestras cubiertas. Requerían de buenos apoyos para no tener un susto. En estos momentos navegábamos todos juntos, muy pendientes los unos de los otros.

La estampa era preciosa, el sol se ocultaba en el horizonte, brindándonos un ocaso perfecto, y navegar con aquel oleaje era súper divertido, aunque me impidiera hacer fotos decentes del momento...

Al acercarnos al Cabo Feno, pensábamos que la cosa se complicaría mas, pero las grandes olas eran muy nobles, y nos permitieron cruzarlo haciendo buenas surfeadas.

Una vez pasado el cabo, la luz se apagaba por momentos. A lo lejos se adivinaba lo que seria una cala, por el blanco de su arena, a la cual, los que estaban a la cabeza, por instinto se dirigieron rápidamente, antes de quedarnos sin luz.

Aquella cala no me sonaba que fuese nuestro destino y por su orientación no nos protegería demasiado del viento, tras una consulta al GPS, y ya de noche, continuamos remando, nuestra cala estaba cerca. A lo lejos ya se veían las luces de Bonifacio, y a nuestra derecha se podían divisar luces de la cercana Cerdeña. Poco después, dábamos con la escondida Cala  Fazziolu. Una preciosa cala en el interior de una pequeña bahía, protegida en su boca por un gran islote.

Por fin a eso de las 10:45 poníamos pie en tierra firme, cansados y destemplados por la humedad y el viento.

Ya secos y cenando, aun se sentía el fuerte viento y oleaje en el exterior de la bahía. No podíamos haber encontrado un sitio mejor para pasar esta noche...

 

 

DIA 7

Amanece un día espléndido, y el viento parecía haberse calmado. Muy a nuestro pesar, teníamos que proseguir el viaje y dejar atrás aquel paraíso de cala, pero la etapa de hoy seria muy larga, y teníamos que aprovechar la tregua que nos daba del dios Eolo.

El mar estaba todavía un poco revuelto, pero nuestros kayaks navegaban perfectamente rumbo Sur. Al poco rato nos encontramos con la famosa y tan visitada cueva de Bonifacio. Una gran bóveda, y en el fondo de esta, un perfecto túnel que daba paso a otra bóveda de mayores dimensiones y altas paredes verticales, con una gran abertura en su cenit, por donde entraba la luz del día, una autentica maravilla que nos dejo a todos con la boca abierta. Recuerdo que alguien dijo, ¡creo que es lo más espectacular que he visto en mi vida...! y es que la emoción nos recorría el cuerpo, no estábamos preparados para encontrar algo tan grande.

Poco después de salir de la cueva, entrábamos en la tan ansiada bahía de Bonifacio. Una preciosa y singular bahía de 1km de largo por no más de 120m de ancho, jalonada en todo su recorrido por fastuosos yates y grandes veleros entre los que parecemos pequeños tapones de corcho flotando. Todo el margen derecho, lo compone un pintoresco y turístico paseo marítimo con multitud de restaurantes y locales de ocio, y en lo mas alto las murallas que fortifican y albergan la antigua ciudad de Bonifacio.

Después de aprovisionarnos con mas agua y de comprobar el buen estado de nuestros coches allí aparcados, proseguimos la etapa, rumbo a las Islas Bruzzi.

Si el interior de Bonifacio nos había encantado, el exterior era igual de sorprendente. Las casas de la ciudad están construidas al mismo borde del acantilado a mas de 50m de altura, en caída vertical sobre el mar, en dos palabras “in... presionante...”.

Por delante tenemos el gran golfo de Bonifacio, grandes acantilados de blanca roca arenisca, sin posibilidad de desembarque.

A medio día  lo habíamos pasado y llegábamos al ultimo cabo en el Sur de la isla, Pertusato. Aquí paramos a estirar las piernas y sofocar el calor con un buen baño, en una cala al pie del faro. Ya podíamos ver a lo lejos, las islas Bruzzi.

Continuamos costeando hasta llegar a cala Sciumara, y desde aquí ya enfilamos las islas.

Después de una travesía de 5km sin gota de viento y mar en total calma, arribamos a las islas. Un precioso paraje formado por infinidad de redondeadas y blanquísimas rocas, salpicando caprichosamente el mar, permitiéndonos navegar en un laberinto calcáreo sin igual hasta ahora.

En un rincón de la isla, nos topamos con el barco vigilancia del parque. Nos informan que las islas son reserva protegida y que si tenemos la intención de pasar aquí la noche, podemos ir desechando la idea, puesto que esta prohibidísimo, pero si podríamos continuar con nuestra visita a la isla.

Poco después, entramos en la playa más grande de la isla, fina arena blanca, tranquilas aguas cristalinas y para nuestro asombro multitud de turistas tomando el sol y bañándose. Al parecer hay un servicio de pequeños ferrys que salen desde Bonifacio y los traen para pasar todo el día en la isla. ¿Pero no estamos en una  supuesta reserva natural...? La indignación me corroe por dentro.

Después de comer, y dado que nos prohíben dormir aquí, decidimos regresar a Bonifacio y terminar así nuestro viaje, sin poder disfrutar del resto del día en este maravilloso lugar.

Por otro lado, la decisión es buena, ya que si mañana tuviésemos otra vez fuertes vientos, podríamos no llegar a tiempo de embarcar de vuelta a Marsella.

Ya de regreso, después de doblar de nuevo el cabo Pertusato, nos topamos con un pequeño túnel, que daba paso a un bonito circo horadado en la roca. El cual albergaba en su interior una pequeña calita. Donde pudimos estirar un poco las piernas y disfrutar unos momentos antes de terminar nuestra aventura.

De regreso a Bonifacio, el ocaso del sol nos regalaba una bonita luz con la que poder grabarnos para siempre el ultimo recuerdo de estas costas.

Poco después, un sentimiento de tristeza y alegría me recorría el cuerpo cuando veo  mi kayak encima del pantalán, fuera de las aguas de Córcega.

Esa noche, para celebrarlo cenamos en un buen restaurante del puerto y nos reímos con las aventuras pasadas durante la travesía.

Al día siguiente por la mañana, después de la siempre pesada tarea de cargar material y kayaks en los coches, nos despedimos de Bonifacio.

Por delante teníamos que volver a recorrer por carretera unos tediosos 60km, que nos separaban de Propiano, para coger allí el barco de regreso al continente.

A media tarde embarcábamos rumbo a Marsella. Con tristeza vemos alejarse cada vez más esta bella isla, Córcega.

 

Escrito por: César Moratinos.

 

 

 

Miembros y kayaks de la travesía:

 

Guillermo Altuna:      FunRun-Sedna

Mariano Lantada:       FunRun-Sedna

César Moratinos:        Valley-Aquanaut

Juanjo Martin:            Valley-Aquanaut

Cano:                          Patrice-Txingudi

Juan Muñiz:                Bidasoa-Inuit

 

Fotos de la travesía disponibles en el álbum:

Córcega, Ajaccio-Lavezzi-Bonifacio 7/06

 

Videos de las cuevas disponibles en:

http://www.youtube.com/watch?v=652J9x8bT2Q

 

 

 

 
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